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CASA DE ORACIÓN MADRE ELISEA

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CASA DE ORACIÓN MADRE ELISEA

Fundador de la Congregación:

HERMANAS DE LA VIRGEN MARÍA DEL MONTE CARMELO

Hay quienes tienen la ilusión de crear historia porque están situados en la encrucijada donde convergen los pequeños acontecimientos que registran los periódicos y que las pantallas de televisión vierten sobre los espectadores. No sospecha que la verdadera historia se construye, la mayor parte de las veces, desde el anonimato, superando la tentación de la monotonía, llevando a la perfección las pequeñas cosas de cada día, en fidelidad a la tarea que le ha sido encomendada.

 

Así es. Los grandes hits, los personajes sobre los que se centran los focos, suelen subir como la espuma por breves instantes, o mientras dura la situación favorable. Luego, como espuma, se disuelven sin dejar rastro.

En el convulsionado mundo de la publicidad y el exhibicionismo, todos sus habitantes planean hacer cosas extraordinarias y definitivas. Afortunadamente, existen especialistas para las tareas subterráneas cotidianas. Trabajan en la oscuridad, su eco es modesto. Pero a fuerza de constancia, realismo y coherencia acaban siendo ellos los grandes protagonistas.

Esto sucede también en las regiones de fe y en los caminos por los que transitan los consagrados. También en la vida religiosa hay personajes silenciosos y tenaces que no actúan frente a la tribuna, sino con la mirada puesta en la tarea que tienen entre manos.

Involucrados en este ejercicio de especialistas que no hacen escándalo, de poca importancia a los ojos de quienes se dejan seducir por el espectáculo, hay que situar a la Madre Elisea, fundadora de nuestra Congregación de Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo.

Quien se acerque a su biografía no espera doctrina elevada ni arrebatos místicos, pero puede confiar en que encontrará expresiones familiares, mezcladas con reflexión y realismo, así como una fidelidad en la vida cotidiana a prueba de toda frivolidad.

Los santos son hitos que indican el camino de la vida cristiana. Ahora, la vida se construye a partir de hilos diminutos, humildes y grisáceos. En cualquier caso, sólo al final se ve el bordado total y la filigrana combinada. Algunas personalidades de la historia cristiana son más dignas de admirar que de imitar. Madre Elisea ofrece su vida como modelo a reproducir: una vida fiel en las cosas grandes y pequeñas, tenaz en la tarea de lo cotidiano, firme en los objetivos propuestos.

Hay maravillas fabulosas en el macrocosmos. El espectador con suficiente antena queda atónito ante la magnitud de las galaxias o la belleza de la naturaleza. Pero también hay maravillas en el microcosmos. No menos bella y significativa es la perfección del átomo con la precisión de sus figuras geométricas y su enorme potencial. A veces, la mayor hazaña de su vida es que logra pasar desapercibida.

La vida de Madre Elisea es como el átomo, de enorme potencial y muy significativa. La magnitud de su personalidad humana y cristiana debe buscarse en la generosidad de la vida cotidiana, en su acogida sin reservas, en el atractivo de su humanidad, en el deseo incansable de servir, en el aroma de sus virtudes cotidianas, en su exquisita prudencia, en su sencillez evangélica. Hizo cosas ordinarias de manera extraordinaria, la llamamos sus hijas reunidas en torno al carisma.