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Tanp Biblik Hesed

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Templo Biblico Hesed

La Siembra y el Crecimiento en la Margen Oriental

La historia de lo que hoy es el Templo Bíblico Hesed (antes conocido como Templo Bíblico Los Tres Brazos) comenzó a dibujarse en la primera mitad de la década de los 80 en el popular sector de Los Tres Brazos en Santo Domingo Este.

La semilla de esta obra fue traída por un grupo de hermanos provenientes de la Costa Norte, quienes, al llegar a la capital, se congregaban inicialmente en la Capilla Bethel. Sin embargo, la distancia se convirtió en una voz de llamado: residiendo en la margen oriental del río Ozama, el traslado hasta el Ensanche Espaillat (donde se ubicaba Bethel) les resultó arduo. Fue esa necesidad palpable, impulsada por la guía del Espíritu Santo, la que encendió el anhelo de establecer una nueva luz en Los Tres Brazos.

El punto de partida fue la humilde sala de la casa de los esposos Antonio y Salomé. Tras un tiempo de reunión en este cálido refugio, el sueño tomó forma definitiva la mañana del domingo 11 de marzo de 1984. Con el apoyo generoso de los hermanos de Bethel, adquirieron una rancheta colindante a la casa, y allí, en ese preciso solar, se levantó la obra. Hoy, ese lugar de inicio es un robusto edificio de tres niveles que atestigua la fidelidad de Dios.

La joven congregación creció y se afirmó en el Señor bajo la guía de sus fundadores, asistidos por valiosos hombres y mujeres tanto de Bethel como de otras iglesias hermanas. Más tarde, la conducción formal fue delegada en los ancianos Antonio Germán (fundador), su hijo Belarminio Germán (conocido como Mino), y el Dr. Rafael Núñez. Bajo su liderazgo, la iglesia se consolidó como una obra doctrinalmente fuerte, extendiendo su influencia con nuevos brotes: alcanzaron a establecer una obra en el municipio de Constanza (aunque ya no está vigente), apoyaron la fundación de un campo blanco en El Almirante, y vieron nacer y formarse el Templo Bíblico Alma Rosa. Incluso, una familia haitiana de la congregación inició una obra en Juana Méndez, Haití.


El Crisol de la Fe: Pérdidas y Resurgir

El Dr. Rafael Núñez, uno de los ancianos de Los Tres Brazos, asumió el reto de trabajar el campo blanco que se gestaba justo detrás de su consultorio médico, la semilla del Templo Bíblico Alma Rosa. A medida que la obra crecía, la necesidad le impuso la dedicación exclusiva, por lo que, en un acto de servicio, dejó la congregación de Los Tres Brazos para pastorear en Alma Rosa. Aquel fue un momento de prueba, una ausencia sentida; sin embargo, el Espíritu Santo continuó sosteniendo a Belarminio y Antonio, y la iglesia perseveró.

Poco después, la congregación enfrentaría sucesivas y dolorosas partidas a la presencia del Señor: primero, Jacobo Taveras, un diácono vital y mano derecha de los ancianos; no mucho después, la pérdida de Belarminio Germán (Mino) generó una profunda incertidumbre en la obra.

Para enfrentar esta dura transición, Gonzalo Lantigua, conocido cariñosamente como Manolo, fue reconocido como anciano y, junto a Antonio Germán, guiaron la iglesia a través de la fuerte crisis. Fue un período de arduo trabajo y batallas espirituales, pero la presencia de Dios se hizo patente. Más tarde, la congregación sufrió otra pérdida trascendental con el llamado a la presencia del Señor del anciano y fundador, Antonio Germán, dejando un vacío de liderazgo.


La Fortaleza de la Unidad y el Legado

Esta cadena de eventos generó un período de gran turbulencia y la partida de varios hermanos que, siendo piezas clave, buscaron continuar su servicio en otros lugares. El debilitamiento de la congregación era un hecho visible. No obstante, en medio del panorama más oscuro, Dios no retiró su guía ni su respaldo.

Hombres y mujeres de gran valor se levantaron para apoyar y respaldar a Gonzalo Lantigua. Surgieron nuevos líderes para asistir al anciano-pastor en la difícil tarea de mantener y fortalecer la grey. Entre ellos, se destacaron Jesús Bonilla, Aníbal Espinosa, Kelvin Castillo y Agapito de la Rosa, quien fue reconocido como pastor por un par de años.

La iglesia se mantuvo a flote gracias a la estrategia de apoyo y al equipo de valientes que trabajó hombro a hombro, compartiendo la carga pastoral. Este apoyo persistió hasta que el Señor señaló la adición que completaría el equipo: en marzo de 2024, el Espíritu Santo guio la decisión de reconocer a Kelvin Castillo como pastor. Además, se eligió a Aníbal Espinosa como nuevo diácono, quien se unió al hermano Leonel Pierre en este noble ministerio.

Gracias al trabajo incansable de este equipo de soporte, que asiste a los pastores Gonzalo Lantigua y Kelvin Castillo, junto a los diáconos Leonel y Aníbal, la iglesia ha logrado levantarse una vez más, afirmándose con renovada fuerza.


Mirando al Futuro: Un Legado Fuerte

Hoy, el Templo Bíblico Hesed, Los Tres Brazos, es una iglesia fuerte en su organismo y en la enseñanza de la Biblia, activa y con una clara visión en el Señor. Si bien continúa enfrentando grandes retos, la gracia de Dios les provee la fuerza para avanzar, peleando la buena batalla de la fe.

El apoyo espiritual, las oraciones constantes y el respaldo desinteresado de congregaciones hermanas, pastores y maestros han sido un pilar invaluable en los momentos de mayor dificultad. Pero es la misma congregación, con hermanas y hermanos fieles, constantes en la oración, gozosos en la esperanza y cimentados en la Palabra, la que ha impedido que la obra decline.

Este resurgir es un testimonio del trabajo, la constancia y los dones que reposan en sus líderes. Pero sobre todo, es la clara evidencia del cumplimiento de la promesa de Jesucristo, quien ha demostrado que la obra es suya, y solo a Él le pertenece.

El valioso legado de los hombres que iniciaron y desarrollaron la iglesia debe ser honrado y defendido. El objetivo es perpetuar la sana doctrina, promover los valores cristianos e impulsar a las nuevas generaciones, llevando la Palabra de vida a cada rincón de Los Tres Brazos y más allá. Todo esto, con el único y eterno propósito de glorificar al único y sabio Dios, el Supremo Rey, de quien es toda la gloria, honra y honor, por todos los siglos. Amén.